La Argentina que Queremos

El FAP presentó “La Argentina que Queremos”

Documento del FAP “La Argentina que queremos. 20 ideas estratégicas para 20 años”, presentado en el Encuentro Nacional del FAP el sábado 24 de noviembre de 2012.

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20 IDEAS PARA 20 AÑOS

  1. Reforma política para una democracia intensa.
  2. Hacia un federalismo cooperativo.
  3. Buen gobierno en una esfera estatal transparente.
  4. Lo público como campo de encuentro.
  5. Una Nación de paz, seguridad y convivencia.
  6. Independencia, verdad y memoria hacen justicia.
  7. Un hábitat que honre la vida.
  8. Piso de ingresos, derechos y garantías.
  9. Derecho a tener derechos.
  10. Educación y salud: nuestra mejor inversión.
  11. Igualdad de géneros, un desafío en acción.
  12. Trabajo como realización personal y social.
  13. Desarrollo armónico, innovación y conocimiento.
  14. Diversificación productiva y cuidado ambiental.
  15. Un Estado generador de condiciones estratégicas.
  16. Nuevas bases para que la economía genere y comparta riqueza.
  17. Energía como elemento esencial del desarrollo.
  18. La infraestructura del país que queremos.
  19. Argentina en el mundo.
  20. América Latina, territorio integrado con democracia, paz e igualdad.

El día después de las elecciones nacionales de 2011 las fuerzas políticas que componemos el Frente Amplio Progresista, con la responsabilidad y el entusiasmo que nos brindaron los tres millones setecientos mil votos, reafirmamos nuestro compromiso de seguir caminando juntos para lograr la Argentina que queremos.

En su origen, el FAP tuvo que acordar, disentir, cruzar historias políticas diferentes, pero lo que más lo hace crecer es el espacio, el tiempo en común, la gente de las distintas regiones. Por ello, en 2012 nos propusimos recorrer nuestro país para “abrazar a las distintas Argentinas”, escuchar a nuestros compatriotas, conocer sus sueños, sus demandas, sus necesidades, sus ideas. Y así lo hicimos.

Llevamos adelante los encuentros regionales del FAP en el Noroeste, el Noreste, Cuyo, Comahue, Patagonia, Centro, con la participación de miles de militantes y ciudadanos y ciudadanas que se acercaron con esperanza para debatir y reflexionar en conjunto. Nos encontramos con mujeres y hombres, productores y trabajadoras, luchadores y luchadoras de los movimientos sociales, de las cooperativas de fábricas recuperadas, empresarios y empresarias, estudiantes, referentes religiosos, jóvenes y ancianos. Nos brindaron una energía sin límites que proviene de su historia de lucha, resistencia y creatividad.

Gracias a este ejercicio de escucha y diálogo, y a partir de ello, elaboramos esta propuesta que condensa veinte líneas estratégicas para los próximos veinte años.

Sabemos que hay prioridades, y que los problemas no se solucionan de la noche a la mañana. Requieren tiempo, y el tiempo requiere confianza.

El territorio enseña como un maestro. Y es allí donde surge en nosotros una emoción profunda llamada “compromiso”. Es la convicción exacta de que cambiaremos las enormes desigualdades, de que crearemos otro Estado, de que defenderemos la vida contra la pura compra-venta, contra la violencia y esa pérdida de símbolos, palabras y actos, que nos aleja de lo que esperábamos ser desde la más tierna infancia. La alternativa es clara: o cambiamos hondamente, o nos equivocaremos mucho y sin remedio, comprometiendo la existencia de las generaciones futuras.

Este ejercicio que hemos realizado colectivamente, tiene como fin recuperar la idea de PORVENIR. Traer al presente la Argentina que queremos y saber que por estos veinte andariveles podremos lograrlo, que únicamente así, con políticas de Estado a veinte años, podemos conseguirlo.

El PORVENIR es una acción presente. Es colectivo, y según los usos populares “uno se hace un porvenir”, se lo forja con sudor y con cariño, como un trabajo de tornero. No es algo por venir: ya vino y depende de nosotros que crezca bien y nos haga felices. Tenemos que mirar ese Porvenir como un proceso colectivo que necesita de un pueblo que tenga una idea común de Nación.

Este es el momento de encarar una estrategia global, territorial, social y económica contra la desigualdad, con una educación pública de calidad que asegure la distribución igualitaria de conocimiento; y una salud pública que garantice el derecho a la salud y a la vida. También es necesario regular la actividad productiva, defender las economías regionales, industrializando los productos primarios cerca del lugar de origen.

Es preciso profundizar nuestro lugar en Latinoamérica y el mundo, con mirada multilateral, respetuosa de las diferencias, capaz de dar voz a los que no se expresan y protagonismo a los que hoy están reducidos a la pasividad. Tenemos la oportunidad de insertarnos en el mundo fortaleciendo el Mercosur y la UNASUR.

Desde el FAP nos proponemos VENIR POR un cambio profundo. No venimos por más, ni por menos, ni por todo. Venimos por la palabra empeñada, por los rituales de la tierra, el aire y el agua de los pueblos originarios, por el derecho de los jóvenes a ser dueños del mundo y de la vida. Venimos para dar respuestas, y ofrecerle un lugar de participación a los movimientos ciudadanos expresados en las redes y las calles del país. Venimos por las mujeres que luchan sin tregua por la igualdad de géneros, por los jubilados, por los niños y niñas que habitan un mundo que no les da lugar ni los escucha. Venimos por la casa de cada uno, abrigo de todos, por el trabajo y la invención, por la acción que todo lo transforma.

Venimos a respetar la Constitución que consagra derechos y oportunidades y no a reformarla por intereses individuales o sectoriales. Venimos por la irrestricta defensa de los Derechos Humanos y por los derechos ambientales que hacen una vida sustentable.

Veinte ideas para veinte años: ideas que marcan caminos, rutas, giros, cruces, avenidas, por cielo, tierra y agua.

Cuando cada ciudadano salga a enarbolar su porvenir en celeste y blanco, me uniré a esa Bandera, la de todos y todas, y nos diremos como viejos amigos: “Hagamos una nueva Argentina”.

Cuento con Ustedes.
Pueden contar conmigo.
HERMES BINNER

El FAP surge de un proyecto ético y transformador, de una concepción solidaria y fraterna del ser humano, de la aspiración de promover una vida digna, de la idea de que el progreso personal sólo puede alcanzarse mediante la justicia en el marco del progreso colectivo. Tenemos la convicción de que hasta que no alcancemos una base común de igualdad, nuestras libertades estarán siempre amenazadas.

El FAP aglutina las mejores tradiciones políticas históricas de la Argentina pero también se abre a lo nuevo del Siglo XXI, que nos trae como exigencia una democracia ampliada, participativa y deliberativa. La lucha decididamente debe darse en el campo de las ideas, pero hoy la democracia requiere una nueva legitimación basada en resultados: en lo que es bueno para que cada persona y todas las personas alcancen su cuota de felicidad.

El FAP ha puesto su prioridad en el país, en las personas y en su vida en sociedad, hemos nacido en un momento de alarma tanto para la institucionalidad democrática como para la defensa de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales. Por eso queremos llegar a la ciudadanía, conscientes más que nunca del momento histórico de oportunidades, para caminar juntos hacia la recuperación de los vínculos de legitimación política entre el pueblo y sus representantes.

El FAP nace en un momento complejo del país que se muestra, sin embargo, como oportunidad histórica, única e irrepetible.

Es el tiempo preciso para pensar la Argentina que queremos y ponernos a construírla, con la capacidad crítica y creativa de todos los argentinos. Es tiempo de articular memoria e imaginación e iniciar el proceso de democratización mas intenso de las últimas décadas del país, en el cúal los conflictos se procesarán en el marco de la libertad y el pluralismo y la participación se constituirá en una forma de vida.

EL PAÍS QUE TENEMOS

Durante los últimos años, fuimos testigos de un proceso de concentración de poder en cabeza del Gobierno Nacional, a expensas de las jurisdicciones provinciales, del debilitamiento del Congreso y de injerencias políticas en la Justicia.

Este modelo ha favorecido la corrupción y la dilapidación de los recursos de nuestro país, ha sostenido una red de impunidad que necesita de la permanencia en el poder, lo que alimenta las actuales ambiciones re-reeleccionistas.

La manipulación estadística, el feroz intento de imponer un discurso único a través del aparato oficial de propaganda, y la cooptación de los medios de comunicación privados, aparecen como manifestaciones de lo mismo.

Sin capacidad de escuchar, no hay diálogo y sin diálogo, es imposible concertar.

En nuestro presente la desigualdad es el rasgo que domina en diversos planos de la vida social como el trabajo, los ingresos, la salud, la educación, la vivienda, la cultura, el esparcimiento, entre otras. Expresa y caracteriza una determinada distribución de los bienes materiales y simbólicos, resultado de la correlación de fuerzas de la sociedad en la que intervienen el conjunto de actores sociales.

Una desigualdad económica que junto a otras desigualdades: género, etnia, cultura, edad; se concreta en distintos procesos de dominación que alcanzan al ejercicio mismo de los derechos más elementales.

En la actualidad la intervención estatal cumple dominantemente un rol de subordinación a través de prácticas de compensación hacia los grupos sociales más desfavorecidos. Es decir, funciona convalidando la lógica de reproducción del sistema desigual, proporcionando ciertos niveles de contención social y convirtiéndose en el garante público de la vigencia del rasgo distributivo dominante, la desigualdad.

Vemos que se potencian las herramientas de enajenación simbólica y se capturan los resortes económicos y financieros, al servicio de profundizar las relaciones de dependencia entre los sujetos de las políticas sociales, a través de prácticas arbitrarias de selección por parte del poder político de turno. A la vez, se agudiza la dependencia presupuestaria de los gobiernos provinciales y locales.

No estamos aprovechando la educación como recurso privilegiado para la construcción de una nueva alianza entre ética y conocimiento, entre saber y ciudadanía, entre la cultura contemporánea y la formación de niñas, niños y jóvenes. La escuela que tenemos fue pensada para otros tiempos, otros alumnos, otros docentes, otro país.

La educación hoy en la Argentina sufre una gran fragmentación, con circuitos educativos diferenciados: escuelas ricas para chicos ricos y escuelas pobres para chicos pobres. Es indispensable desarrollar acciones tendientes a superar las desigualdades educativas entre diversas zonas socio-económicas, garantizando la infraestructura y la creación de puestos de trabajo necesarios. Y generar condiciones materiales, sociales y culturales dignas para enseñar y aprender.

Por su parte, la igualdad de derechos y oportunidades entre varones y mujeres sigue siendo un objetivo a alcanzar. La separación y diferencial valoración de las esferas privada y pública siguen operando como matriz de desigualdad que se perpetúa en el tiempo, asignándonos a mujeres y varones roles culturalmente impuestos, permaneciendo intactas las relaciones asimétricas de poder que generan la violencia, la discriminación y la cosificación de las mujeres.

La economía argentina no ha logrado todavía despegarse definitivamente del proceso de desindustrialización, y configuración de un modelo de sociedad desigual y regresivo, que comenzó en 1976 y tuvo una continuidad casi lineal hasta la crisis del 2001. La estructura industrial actual no difiere de la de los 90.

En los últimos diez años el kirchnerismo, a pesar de las tasas de crecimiento alcanzadas, no logró sentar las bases de una economía organizada en clave de igualdad, enmarcada en un desarrollo social armónico. Sus falencias y limitaciones se hacen cada vez más evidentes: persisten altos niveles de pobreza e informalidad laboral, acompañados por una fuerte inequidad en la distribución de la riqueza. La mayor primarización de la economía, las dificultades para generar empleo de calidad, y las crisis de las economías regionales, terminan de delinear el escenario actual.

La economía argentina refleja un fuerte proceso de reprimarización, concentración y extranjerización del aparato productivo. Orientada al consumo de los sectores altos de población, ignora las necesidades de las clases populares y no resuelve adecuadamente la concentración de capital ni la cuestión social. Por ello creemos que se debe modificar significativamente la composición de su matriz productiva y distributiva hacia una matriz productiva nacional igualitaria.

Este cambio resulta fundamental, dado que para que se materialice, no sólo será necesario que se concrete el consumo por parte de los sectores populares, sino que requiere la garantía de un piso de ingresos y de derechos que lo haga factible. Y para esto apuntamos a que el ingreso de las familias surja principalmente del ámbito laboral, con trabajo de calidad que alcance al conjunto de la población, y que permita disminuir gradualmente las transferencias a las personas en edad activa.

Los principales problemas que presenta la economía argentina en la actualidad están relacionados con:

Un marco institucional débil dado lo errático y cortoplacista de muchas de las medidas de política económica, que no permiten a los agentes económicos tener un panorama de medio o largo plazo, lo cual desalienta las inversiones, consolida el perfil primario de la economía y explica (en parte) la salida de capitales.

Una disparidad muy fuerte en el sistema productivo. Conviven en nuestro país actividades de alto desarrollo tecnológico con otras de muy baja productividad, sin que se produzca un proceso integrador que facilite el desarrollo de estas últimas.

Un sector de trabajo con altos niveles de segmentación, en una coyuntura de estancamiento en la generación de empleo que combina altas tasas de informalidad y bajos salarios.

Un cuadro social deteriorado y desigual que implica la permanencia de prácticamente un tercio de la población en situación de pobreza, acentuado por una coyuntura inflacionaria, al tiempo que el estrato alto de la sociedad se apropia de la mitad del crecimiento económico generado.

Una matriz energética deficitaria y altamente contaminante. Este déficit absorbe una parte cada vez mayor de los ingresos nacionales por exportaciones mientras se consolida una matriz productiva exportadora de bienes primarios e importadora de energía. Crecen así las condiciones de vulnerabilidad externa.

Una política de subsidios económicos en lugar de una política económica sustentable, creíble de mediano plazo. La magnitud de los subsidios impide que los recursos del Estado se puedan orientar eficientemente a la construcción de un sendero de desarrollo económico sustentable, inclusivo y generador de mejores condiciones de vida de la población.

Un sistema de utilización de los recursos públicos de manejo discrecional y con poca eficiencia en sus resultados. A pesar de disponer de mayores recursos, esto no se ha visto reflejado en la calidad de la oferta de los bienes públicos.

Una política que omite al medioambiente y a la conservación de la flora y fauna autóctona de cada una de las regiones de nuestro país. Así vemos crecer el cultivo indiscriminado a expensas de la eliminación del bosque nativo, la contaminación de napas de agua y la desertificación producida por el accionar humano (desmontes excesivos, áreas cultivadas sin reposo natural del suelo.)

El panorama se agrava por la crisis ambiental devenida de los modelos de producción y consumo. A la radicación de las llamadas industrias sucias, se añade la utilización de procesos altamente contaminantes en la mayor parte de los sistemas productivos y extractivos, la insuficiencia de control, las carencias legales y la debilidad del sistema judicial. Así nos hemos encaminado a la contaminación, degradación y destrucción de ecosistemas, la pérdida acelerada de biodiversidad, el saqueo de bienes naturales no renovables que se suman a otros graves problemas ambientales como el calentamiento o el adelgazamiento de la capa de ozono. Las últimas tormentas van señalándonos sin pausa las consecuencias de tales desatinos.

La acumulación del endeudamiento interno y externo, público y privado, la especulación financiera, la extranjerización de la economía, las presiones de los mercados, son consecuencias de la política actual que agravan aún más el panorama.

A nivel global, el mundo enfrenta una coyuntura inédita de grandes cambios en las relaciones internacionales caracterizados por la crisis económica conjunta de los Estados Unidos y la Unión Europea, el resurgimiento de Asia como polo de decisión y los reclamos de los pueblos árabes para instaurar la democracia y la vigencia de los derechos humanos en sus países.

La consolidación de nuevos actores como China, India, Brasil, Sudáfrica, Rusia ha provocado una importante reasignación de los recursos productivos mundiales y la incorporación de cientos de millones de personas al trabajo y consumo.

La crisis de las economías del norte señala los límites de crecimiento de las economías maduras y la imposibilidad de sostener un desarrollo justo con especulación financiera. Es promisoria la emergencia de nuevos países, que permitirá que el Sur, como contraparte del mundo desarrollado, vaya aumentando su participación en las decisiones para confluir en una reforma de los organismos internacionales.

Por su parte, la situación política en América Latina, aparece proclive a generar nuevas institucionalidades que permitan un proceso de integración mayor. Sin embargo, a pesar de la cercanía en los discursos, la estrategia argentina no se ha orientado a consolidar la institucionalidad de las instancias regionales de integración que brinda MERCOSUR, el cual continúa operando como un acuerdo comercial, ni las del UNASUR o el CELAC, como tampoco se procura que los intentos de integración no queden sólo a nivel de los gobiernos.

Nuestra región cuenta con algunas de las economías más dinámicas del mundo: desde la década pasada América Latina y el Caribe ha sido el segundo polo de crecimiento económico mundial. En este sentido, destacamos las grandes oportunidades que nuestra región ofrece en materia de inversión para los enormes excedentes de ahorro de – por ejemplo – las economías asiáticas, en ámbitos como las manufacturas, los servicios, el desarrollo de infraestructura y los sectores de recursos naturales.

Si hacemos un inventario de recursos latinoamericanos, hay dos características a considerar: bono externo y bono demográfico. Externo, por la situación ventajosa de la región en relación a los términos del intercambio, ya que las materias primas y alimentos que gran parte del mundo demanda, y que América Latina posee en abundancia, se han valorizado con respecto a los productos industriales y tecnológicos.

El bono demográfico, por su parte, se define por la composición de la pirámide poblacional. Existe en Latinoamérica una baja tasa de dependencia. Este indicador mide el esfuerzo que deben realizar quienes trabajan para mantener a quienes no lo hacen, y constituye una gran oportunidad para los países porque aumenta la capacidad de producir y de ahorrar más. La proporción de la población de más de sesenta años va a crecer mucho principalmente en el mundo desarrollado hasta el 2050 y aumentará el peso de los dependientes debido al envejecimiento.

¿Está teniendo en cuenta la región el doble bono en sus estrategias de desarrollo? Para un óptimo aprovechamiento del bono externo, tenemos enormes problemas medioambientales y de capital físico. Creemos asimismo que América Latina no está invirtiendo adecuadamente en educación y trabajo para capitalizar el bono demográfico. ¿Que pasará con las niñas, niños y jóvenes de los sectores pobres cuando lleguen a la edad activa? No van a estar preparados para afrontar los desafíos que demanda la inserción al mundo del trabajo, por lo que no sólo en la región tenemos que discutir el monto de la inversión en capital físico y desarrollo humano, sino su calidad e impacto. Tenemos en América Latina más de 70 millones de analfabetos funcionales, un número alarmante, que requiere de todos nuestros esfuerzos para reducirse con urgencia. Creemos firmemente que invertir en salud, educación y trabajo decente es actuar hoy sobre el futuro.

EL PAIS QUE QUEREMOS

Necesitamos cambios hacia un buen gobierno en ideas y en gestión, que recupere el espacio para la política que demandan los ciudadanos y no la caricatura que se le está ofreciendo actualmente. Las argentinas y los argentinos reclaman los canales necesarios para que sus demandas sean satisfechas en función del bienestar de la sociedad.

Frente a la improvisación, necesitamos una visión estratégica que le dé certidumbre al futuro nacional, una sólida base de cambio estructural duradero. Un proyecto estratégico que nos dé herramientas para que el pueblo pueda hacer efectiva su autonomía de decidir sobre las condiciones cotidianas de reproducción de su vida, para que se construyan consensos y para que las decisiones se pongan en marcha.

Nuestro proyecto como gobierno se propone liderar ese proceso, actuando con austeridad y ejemplaridad en los comportamientos, pero también con una visión de largo plazo, un abordaje complejo de la realidad y una gestión eficaz y transparente.

Frente al pensamiento único, queremos un país con pensamiento crítico, con diálogo, con disenso. Un país donde nos escuchemos y valoremos la diversidad de ideas. Frente a la discordia que caracteriza a la vida pública argentina, queremos un cambio en el clima político.

En este sentido, la discusión sobre la Democracia no puede girar exclusivamente en torno a la problemática de la transparencia del proceso electoral y la vigencia del estado de derecho, Democratizar es, también, procesar los conflictos en un marco de libertad y pluralismo, en el que los diferentes actores sociales nos organicemos y seamos portadores de proyectos de vida y de futuro.

Frente a la confusión reinante entre Estado, Gobierno y Partido, queremos más cultura republicana. Recuperar la vigencia de la República, el imperio de la ley y de la justicia, y la autonomía del Congreso. Necesitamos una democracia que se profundice con la participación, porque democratizar es animar un proceso de construcción política que genere condiciones para que el pueblo decida.

Frente a los límites del sistema formal de representación para hacer posible la reducción de las desigualdades, queremos una democracia participativa. No hay posibilidad de constitución de una nueva política si no estamos convencidos de transformar la clave delegativa. Queremos recuperar la capacidad colectiva de transformación y no esperar que alguien venga a resolvernos los problemas.

Un país con participación genuina reclama acceso a la información. Porque si queremos que la sociedad sea protagonista y participe en la toma de decisiones, debemos acceder a la información de lo que pasa dentro del Estado.

En el país que soñamos, la economía, el territorio, la tecnología y la educación, están al servicio de fortalecer lazos sociales, construir institucionalidad y dar valor al trabajo, la creación y la participación. Todos los rincones de nuestro país son puntos de apoyo para reconstruir la convivencia, el valor de la vida, de la historia y de la cultura como ingredientes indispensables de un presente con futuro. Un presente donde la edad, el género, la condición o las circunstancias no dividan, sino que vertebren nuevas inteligencias con la riqueza de lo diverso y el desafío de la innovación.

Pensar la Argentina que queremos desde la igualdad, implica comprometernos con un sentido colectivo, no en forma sectorial y fragmentada. Requiere de una estrategia integral que intervenga simultáneamente en diversos frentes. Es preciso restituir ingresos, garantizar derechos y potenciar la capacidad de acción de los sujetos que derive en una mayor libertad para elegir y diseñar un propio proyecto de vida. La igualdad también tiene que ver con el orden simbólico de la sociedad en la que los sujetos crecen y se desarrollan. Es una construcción simbólica que anida en la trama social y sobre la cual el Estado tiene la obligación de actuar.

Pensar desde la igualdad implica una escuela que ofrezca la posibilidad de construir colectivamente un futuro para las nuevas generaciones. La educación debe asegurar la distribución igualitaria del conocimiento y los bienes simbólicos, para ello es preciso emprender una nueva utopía educativa sostenida en la responsabilidad indelegable del Estado en el derecho social a la Educación Pública.

Queremos crear la escuela para nuestro presente y para el futuro. Sobre la base de los principios de laicidad, democracia, obligatoriedad, participación, integralidad, pluralidad, interculturalidad, humanitaria y gratuidad debemos avanzar en una escuela que garantice condiciones igualitarias en los logros educativos.

La universalización de la educación inicial, el afianzamiento de la escolaridad primaria y la redefinición de la identidad de la escuela secundaria son la base de la educación. Una educación que ayude a nuestras niñas, niños y jóvenes a ser parte y no sólo testigos de los acontecimientos, a comunicar, a resolver problemas y a actuar democráticamente en defensa de los derechos. Una educación que les permita comprender que no hay verdades absolutas, ni conocimientos neutrales, ni procesos lineales, ni posibilidades de avanzar en soledad. Una educación que posibilite y asegure la continuidad de estudios superiores y que brinde alternativas de formación para toda la vida.

La Reforma del 18 es un camino a profundizar para consolidar una Universidad que produzca conocimiento para el desarrollo sustentable, que promueva la independencia científica y tecnológica y que propicie la investigación y la innovación en el marco de las necesidades de nuestra Nación. Una Universidad que brinde oportunidades de formación de calidad, orientada a la superación de los problemas nacionales y comprometida con la realidad de su tiempo. Una Universidad gratuita, libre, cogobernada, autónoma y necesariamente crítica.

Nos interesa seguir en la senda del crecimiento, pero no de cualquier modo: no queremos seguir favoreciendo la especulación por sobre la economía real, ni seguir depredando nuestras riquezas naturales, ni aceptar la informalidad laboral. Queremos que la Argentina aproveche las oportunidades que ofrece el escenario nacional e internacional, con innovación, conocimiento, desarrollo armónico y sustentable y proyección exterior. Entendemos que es la única forma posible de garantizar crecimiento en un medio que respete la vida. La transición a este nuevo esquema requerirá, por parte del Estado, la imposición de las rentas extraordinarias que generen las actividades extractivas, para poder aplicarlo en una modificación estructural del aparato productivo.

La economía integrada que proponemos implica un sistema con mayor equilibrio social, territorial y productivo. Este equilibrio representa una mayor equidad distributiva (la situación y el acceso a los bienes materiales y simbólicos de los sectores populares serán los objetivos centrales de la política pública), un desarrollo geográficamente más homogéneo (impulsando la industrialización cerca de los lugares de producción) y un tejido empresarial densificado que revierta el proceso de reprimarización de la economía actual, trabaje en clave de cadenas de valor, incorpore conocimiento y tecnología a la producción, y genere una relocalización regional de la producción.

Nuestro desarrollo deber ser armónico, sostenerse en la sustentabilidad en todas sus dimensiones: económica, política, social y ambiental, permitiendo el cuidado, la remediación y la reparación de los ecosistemas que sustentan nuestras vidas y el ejercicio efectivo de la solidaridad intergeneracional.

Queremos promover las actividades económicas con capacidad de generar externalidades positivas en base a innovaciones, de captar rentas internacionales, y de ubicarse en oportunidades de mercado locales e internacionales.

Pensar en clave de cadenas de valor permitirá romper la dicotomía entre campo e industria y entre industria y servicios, y modificar la clave extractivista en relación a los recursos naturales.

Crear las condiciones de una nueva institucionalidad basada en la cooperación público- público y público- privado favorecerá la liberación de las capacidades productivas y técnicas existentes, el desarrollo de un empresariado nacional y una inserción diferente en el mercado internacional.

Necesitamos dotar al Estado de capacidades para intervenir eficazmente en el proceso productivo como sujeto activo y/o como regulador de la actividad productiva a fin de potenciar sectores estratégicos y de orientar la inversión privada mediante incentivos fiscales y regulatorios.

Un hábitat que honre la vida es una condición básica de igualdad. Es la construcción de espacios urbanos donde se puedan establecer intercambios, donde el Estado facilite el acceso a la vivienda (desde la situación particular de cada uno), a los servicios básicos (agua, luz, gas, saneamiento) y culturales.

Un hábitat vivible es aquél que permite la reconstrucción del tejido social y que refleja un modelo de país que define desde el territorio el sistema de transporte, de comunicación y de producción.

Es imperioso impulsar políticas que no solamente contemplen el beneficio económico sino que fundamentalmente respeten el hábitat, el territorio y la cultura de quienes lo habitan. El desarrollo y la fuerza económica deben garantizar condiciones de vida con mayores índices de desarrollo humano y en un ambiente más limpio. Es necesario poner en discusión un modo de consumo que se muestra voraz e indiscriminado, que exige cada vez más al ambiente, y que se cristaliza en los datos desalentadores del calentamiento global y el cambio climático. Existen otros modelos de producción y consumo posible que no generan contaminación y no depredan los recursos naturales.

Se trata de generar un nuevo proyecto que garantice la soberanía sobre nuestros recursos naturales, definiendo como bienes inalienables e imprescriptibles de la Nación a los recursos no renovables. En este marco pensamos el uso responsable de los recursos naturales; que promueva una gestión de los residuos eficaz, transparente y participativa; que aliente y fomente la utilización de energías renovables y la racionalización del consumo energético; y que estimule el desarrollo de los espacios verdes y el respeto por la biodiversidad.

La agenda ambiental es una agenda ética, que merece la atención de todos los sectores pero, sobre todo, requiere políticas de Estado y una mirada a largo plazo.

Pensar estratégicamente la Argentina del futuro requiere introducir como eje un proyecto de integración regional e inserción internacional donde conviven, por un lado, condiciones de incertidumbre en cuanto a la situación económica de los países del norte pero también tienen relevancia la emergencia de nuevos países del Sur, como contraparte del mundo desarrollado.

El multilateralismo con democracia constituye un objetivo prioritario para tratar los problemas, el mundo ha dejado atrás la bipolaridad pero todavía no se ha consolidado un escenario alternativo. La región tiene un desafío excepcional en cuanto a maximizar los márgenes de relativa autonomía que hoy tiene, que le permite optar entre más opciones que en el pasado.

Es tiempo entonces de una acción coordinada entre las fuerzas progresistas de cada país y de los distintos países de América Latina, que responda a las necesidades de los pueblos y naciones, ayudando a disminuir la desigualdad.

Desde nuestra mirada latinoamericana, tenemos la responsabilidad ética de ser actores centrales en esta lucha por dotar de voz a los excluidos, y por dar respuesta a los derechos de nuestras sociedades para consolidar una América Latina como un territorio de derechos, de paz, de igualdad y justicia.

Por todo esto queremos llegar a la ciudadanía. Somos conscientes, más que nunca, del momento histórico de oportunidades para caminar juntos hacia la recuperación de vínculos entre la ciudadanía y sus representantes. Hay muchas razones para ser optimistas, hay un pueblo motivado y movilizado que reclama cambios y aspira a compartir el poder.

El FAP ve este momento como un momento histórico, no sólo para describir y analizar los cambios, sino para acompañarlos y gobernarlos hacia una Argentina igualitaria e integrada.

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Publicado en FAP Nacional, Novedades, Partido GEN Nacional

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