EL TRISTE FINAL DEL RELATO

Decidido a darle una vuelta más de tuerca a su relato, el gobierno presentó el Sistema Federal de Medición de Audiencias (Sifema), un observatorio dedicado a la ponderación y medición del rating a escala nacional.

Por Gerardo Milman para INFOBAE

EL TRISTE FINAL DEL RELATO
Gerardo Milman

Decidido a darle una vuelta más de tuerca a su relato, el gobierno presentó el Sistema Federal de Medición de Audiencias (Sifema), un observatorio dedicado a la ponderación y medición del rating a escala nacional.

La idea de contar con un organismo semejante no sería tan disparatada si proviniese de un gobierno con antecedentes de credibilidad irreprochables. Pero la sombra de lo hecho con el INDEC sobrevuela opacándolo todo. Para colmo, en la misma semana, la Presidenta tuvo la infeliz idea de crear por decreto la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, una iniciativa de indudable sesgo totalitario cuyo nombre ya nos indica que, para el gobierno, el pensamiento nacional debe ser dirigido y que, además, tiene dueño.

Ambas son medidas que se toman muy cerca del final del mandato. Ambas no lograrán los resultados deseados por un gobierno en retirada y sumido en el descrédito. Pero lo peor es que ambas quedarán como rémoras que engrosarán el gasto público y alimentarán burocracias que tributarán al kirchnerismo cuando éste se haya ido.

Con estas dos iniciativas el gobierno muestra a las claras lo que pretende: direccionar el pensamiento nacional y asegurarse, en todo el país, que el mismo goce del mejor rating posible. Vendría a ser algo así como sacarse una foto al atardecer en el Valle de la Luna para luego certificar que efectivamente se trata de una foto lunar y convencer al público de que en la luna conviene pensar porque hacia allí se debe estar o ir.

¿Y los que pretendemos viajar hacia otro destino? ¿Y los que sencillamente ni siquiera desean que se les impongan viajes? Siempre es difícil viajar cuando se tienen pasajes falsos a no ser que se sea polizonte, barrabrava o pretendan subirlo a uno con mentiras, paraísos falsos o a los empujones.

Cuando cambie el gobierno habrá que desandar este camino y desarmar el inmenso aparato propagandístico que ha pretendido embarcarnos a todos en su relato. Y no hay mayor prueba de su naufragio que las dos iniciativas mencionadas.

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