LA CIUDAD ES DE TODOS NO DEL MERCADO

La Plata

A 10 meses de la inundación no hay respuestas sobre las irresponsabilidades que provocaron graves pérdidas humanas y materiales pero siguen insistiendo que solo fue una cuestión climática.

La Plata, la ciudad de la urbanidad se enfrenta al asedio de la ignominia y la mala fe, han destrozado el contrato que nos unía, los saqueadores, no son humildes en busca de sustento, son insensibles capitalistas que se cubren tras el poder para que ellos o sus rapaces amigos engullan lo que es nuestro.

El derecho a la vivienda se funda en el acceso a la tierra o al hogar y es deseable que quien llega a adquirir un espacio pueda de manera simple duplicarlo, para contener el crecimiento familiar o generar plusvalía aun en condiciones de pobreza. La inexistencia de planes de urbanización avalan, apalancan y fermentan millonarios negocios inmobiliarios e impiden lo anterior. No es una casualidad que a días de ganar sus elecciones Alak y luego Bruera, nacen y brillan grupos inmobiliarios para construir la mayor parte de los edificios de la ciudad.

Esta connivencia del poder político en papel de cobrador de sus socios privados y traidor en su real misión de velador de los derechos ciudadanos, empujan a las familias más humildes a la periferia o al borde de un arroyo, obligadas a vivir sin servicios básicos o la angustia futura de terminar sus días en la desembocadura del rio de La Plata llevados por la corriente, digámoslo con todas las letras: GOBERNAR PARA POCOS ES MATAR. LA CORRUPCIÓN MATA. LAS ULTIMAS INUNDACIONES PRUEBAN ESO.

El móvil de semejante atropello es el negocio del suelo, que manejan pocos, elevan su valor y hace imposible el acceso a la vivienda a los platenses. No es novedad que Alak y Bruera juntos destruyeron el banco municipal, para financiar con el endeudamiento de todos los beneficios de ellos mismos, cerrando el círculo de corrupción y clientelismo.

Aprovecharon las necesidades de los que menos tienen para usarlos como la cara de las usurpaciones, negándoles un trabajo digno y acceso a condiciones de vida básicos como Techo, Educación y Salud, un coctel que ha empujado a los menos fuertes moralmente a la marginalidad y la infracción de la ley, dando la última estocada a seres que empezaron su vida soñando igualdad de derechos.

La ciudad es de todos, no del mercado o los vivos. Nos debemos la discusión de que ciudad queremos, la del negocio de pocos o una solidaria y justa, que resuelva lo urgente como vivienda el trasporte y el riesgo climático para centrarse luego en la construcción de lo importante, que es apalancar con las universidades a La Plata como una ciudad promotora del conocimiento aplicado en un momento en que las ciudades del mundo se vinculan sin apoyo nacional.

Entonces, el estado en primer lugar debe racionalizar el transporte público, aumentando su presencia en los barrios tanto en frecuencia como en recorridos y evitar que todas las líneas pasen por calle 7, equiparando las rentabilidades, porque es posible dar un mejor servicio, más racional y económico. En segundo lugar tiene que comprar las tierras o ceder las propias, actuando fuertemente en el mercado de la tierra, favoreciendo la formación de cooperativas de construcción. Luego el esfuerzo público debe centrarse en entender la fragilidad de la ciudad frente a las incidencias climáticas, empezando desde lo micro a hacer que las nuevas construcciones en altura incluyan salas de inundación, los vecinos disminuyan la carga tributaria con el aporte de suelo absorbente y techos verdes hasta comenzar un plan de obras a gran escala de receptorios de gran dimensión bajo las avenidas como canales aliviadores.

Una ciudad en serio de cara al mundo es posible.

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