El Programa “Kliksberg” constituye un atropello a la enseñanza laica por parte del Gobierno Nacional

Opinión por Marcelo Díaz – Pte del Bloque de Diputados Provinciales del FAP

A partir de 2013, en todos los colegios secundarios del país, por disposición unilateral del Gobierno Nacional, se incorporará como material transversal de las curriculares, un libro titulado ¿Cómo enfrentar la pobreza y la desigualdad?, en el que se reiteran consideraciones elogiosas a las políticas desarrolladas por la gestión de la Presidente Cristina Fernández.

Además, y al respecto se “capacitará” a los docentes en cuanto al material a ser distribuido entre el estudiantado de nivel secundario, instrumentándose en cada una de las jurisdicciones un seminario Inicial de Orientación, dirigido por el economista, y filósofo adscripto al pensamiento del Gobierno Bernardo Kliksberg -autor de la obra-.

En tal sentido remarco mi discrepancia, desde el punto de vista filosófico y doctrinario, la cual hace que desde el Frente Amplio Progresista, no coincidamos con el desarrollo de determinadas actividades que puedan desarrollarse hacia el interior en los establecimientos educativos de la provincia de Buenos Aires, cuando son alentadas, bajo argumentaciones educativas, por medio de publicaciones con fines propagandísticos, planificadas y editadas, desde las propias áreas educativas del Estado Nacional, por disposición del partido del Gobierno.

No se trata de algo antojadizo. Muy por el contrario, en primer lugar, porque se trata de una actividad que se genera a partir de un programa de la Jefatura del Gabinete de Ministros del Gobierno Nacional, no existiendo un convenio con la Dirección General de Escuelas de la provincia de Buenos Aires, que establezca su aplicación en los establecimientos educativos. Y en caso de que esto fuese una decisión aprobada y existiese un convenio, debería ser desarrollada y llevada adelante por la comunidad educativa y no por disposición unilateral del Gobierno de turno.

Esto no quiere decir que uno esté en contra de la actividad política de determinados establecimientos secundarios -para eso existen los centros de estudiantes y para eso se milita y se desarrollan actividades en el interior de los establecimientos- pero, un programa que es oficial y que es parte del Estado, debe ser llevado adelante, por más noble y enaltecido que sea, por la comunidad educativa, es decir, por el sistema educativo de la provincia de Buenos Aires.

La escuela y los colegios deben formar ciudadanos, sin condicionamiento. La escuela debe expresar la pluralidad de conocimientos. La escuela, se reconoce en el principal antecedente en Sudamérica, que significa la Ley 1420, y que establece la educación laica. Y la educación laica fue producto de una gran batalla que dieron muchos en la Argentina, fuera de los distintos esquemas religiosos o políticos, desde el punto de vista partidario.

El FAP defiende el respeto por una enseñanza laica. Pero laica es que no estén los símbolos religiosos, y también que no haya ningún otro símbolo, ni orientaciones que inclinen la atención detrás de actividades oficiales.

La Argentina fue pionera en estos asuntos. La Argentina tuvo grandes pensadores en estos temas, como lo fue Alejandro Korn, filósofo platense, que planteaba la necesidad de que la escuela vaya formando al ciudadano y que, a partir de la libertad, este vaya eligiendo los caminos que tenía que desarrollar y llevar adelante.

La lucha por la educación laica, la dieron los universitarios en la Reforma del 18, frente a un dominio que existía de los distintos grupos vinculados al clero, para emancipar a la juventud argentina.

Es cierto que tenemos que formar, que hay que educar, y que los índices que hoy tenemos en la provincia de Buenos Aires muestran problemas mucho más graves que se deben enfrentar y no tendríamos que andar debatiendo estas cuestiones.

El programa PISA, que hace la evaluación internacional de nuestros alumnos, aunque no sea de la preferencia del profesor Kliksberg, dice que la Argentina está en el puesto 59 entre 66 países evaluados, superada por muchos países de nuestra región. Dice también que un porcentaje similar de nuestros alumnos tiene dificultades en la capacidad de lectura. ¿Qué libros les vamos a entregar, si hay dificultades en la capacidad de lectura de nuestros alumnos? Estamos en el lugar 59, y somos un país que quiere desarrollarse en áreas como las matemáticas y las ciencias duras.

Seguimos dando índices de calidad educativa que no tienen nada que ver con la fuerte necesidad de presupuesto que se pone en el esfuerzo en Buenos Aires; que tiene como contrapartida una de las peores calidades educativas, producto de un sistema que está agotado, cuyo camino de solución es recuperar el modelo que habíamos perdido.

Esa forma de concebir la educación, que no impidió que los distintos ciudadanos se vayan alineando en las distintas expresiones políticas y conformando expresiones mayoritarias y minoritarias, es la que venimos a defender.

El modelo que insiste en abandonarse, el modelo de la enseñanza laica, no impidió la generación de ninguna de las mayorías nacionales y populares que se constituyeron en la Argentina.

Esto no contribuye, y esa es nuestra diferencia. No es nuestra crítica una intención perversa. Hay una intención noble, pero también, hay una discrepancia sustancial de modelos filosóficos y doctrinarios que tienen más de doscientos años en la Argentina, Y que ésta bancada que represento viene a defender, sosteniendo que se debe el merecido respeto por una enseñanza laica.

Que quede en claro, no consideramos mal que se desarrollen actividades políticas por parte del estudiantado en el ámbito que les compete. Está mal que el Estado garante de la educación laica establecida por Ley, se entrometa detrás de un programa oficial para inculcar sus ideas.

Eso es en lo que no coincidimos. Debemos recuperar la enseñanza que nos puso entre los mejores países de Sudamérica y del mundo en calidad educativa, y hoy las estadísticas demuestran que no tenemos. Y ese es un fracaso del conjunto de los argentinos; no de un gobierno, sino de todos. Y que no debemos profundizar, si esforzarnos en superarlo por medio de los consensos democráticos, desestimando cualquier forma de autoritarismo.

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Publicado en Marcelo Díaz, Novedades