Brutal desconexión

Por Omar Duclós (Dip. Nac. GEN/FAP)

Omar Duclós

La agenda del gobierno cada vez más alejada de la mayoría de los argentinos.

Desde aquel 54 % de apoyo ciudadano obtenido por la Presidente de la Nación en el lejano octubre de 2011, la erosión de la imagen del Gobierno ha acompañado el deterioro de las variables económicas y sociales y en consecuencia, de las expectativas de la sociedad.

Nunca antes un Presidente, desde 1983, logró acumular tanto capital político y lo dilapidó tan rápidamente, alejándose de las necesidades y aspiraciones de la población.

La agenda del gobierno corre por caminos cada vez más alejados a los de la mayoría de argentinos, que padecen la violencia, la desigualdad, la pérdida del poder adquisitivo, la caída en la generación de empleo, las restricciones energéticas, el inseguro y deficiente sistema de transporte, el deterioro en la calidad educativa y la corrupción, entre los pesares más agobiantes.

En los últimos tiempos, este proceso se ha agudizado, con el divorcio cada vez más marcado entre el Gobierno y la sociedad y las aberrantes contradicciones entre los postulados que intenta sostener el discurso oficial y las decisiones concretas que se adoptan.

El Gobierno que enarboló con fuerza la bandera de la reivindicación de los derechos humanos, especialmente vinculados a su conculcamiento por los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, designa como Jefe del Ejército a un hombre sospechado de haber participado de la desaparición de un soldado durante ese período, de haber montado desde el área de inteligencia del arma un sistema de espionaje clandestino al servicio del actual Gobierno y de haberse enriquecido injustificadamente, como para completar su identificación con el Kirchnerismo.

Esta aberrante contradicción, encierra el peligroso riesgo de vincular nuevamente a las fuerzas armadas con la política partidaria y su involucramiento en estrategias de seguridad interior, que tanto costó y cuesta desmilitarizar y democratizar.

Las manipuladas estadísticas oficiales nos dicen que la inflación acumulada interanual es del 10,5 % y el oficialismo aprueba en el Congreso un Presupuesto para el presente año con una pauta inflacionaria del 10,4 %, mientras las consultoras privadas que se animaron a seguir produciendo datos certeros y que difundimos en el Congreso nos muestran una evolución interanual del 26,8 %.

Con estas mentiras alevosas, que constituyen una ofensa a la inteligencia de los argentinos, se intenta esconder la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos fijos y las distorsiones en distintos sectores de la economía, que provocan el desaliento a la inversión.

Últimamente dos situaciones han mostrado de la manera más obscena la brutal desconexión del Gobierno y la ciudadanía. El 10 de diciembre mientras morían compatriotas en las calles de distintas ciudades, durante el acuartelamiento de las fuerzas de seguridad asociados a saqueos de comercios, la Presidente de la Nación Cristina Fernández de Kirchner bailaba durante el festival organizado para celebrar los 30 años de democracia, que debió suspender en un gesto de mínima sensibilidad y solidaridad con el dolor de las familias afectadas.

En medio del reciente corte de energía eléctrica y de agua en distintos sectores de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, ningún funcionario competente se hizo cargo ni dio la cara para diagnosticar ciertamente el problema y organizar oportunamente la cobertura de la emergencia. Sólo aparecieron tardíamente para deslindar responsabilidades; después de diez años en el gobierno llegaron a decir que analizaban la posibilidad de que el Estado se hiciera cargo del control del sistema eléctrico, cuando en realidad el Estado siempre es responsable del control para garantizar calidad y eficiencia en la prestación de los servicios públicos, los brinde de manera directa por administración o a través de concesionarios a los que les encomienda esa misión. Pero para completar el bochornoso cuadro de situación, el Secretario de Energía Daniel Cameron jugaba al golf en Pilar ese mismo fin de semana.

El silencio oficial se completa con la ausencia presidencial, tal como ocurrió con el accidente ferroviario de Once o en Cromañón, cuando tampoco existió la voz oficial oportuna comprometida con la tragedia.

Luego, sobrevino el fallido intento de promover un aumento en el impuesto a los bienes personales, cuando los contribuyentes no soportan más incrementos en la presión tributaria, que ya supera el 40 % del PBI, si consideramos los impuestos y tasas de los tres niveles del Estado (nación, provincias y municipios).

Se suma el escandaloso viaje del titular de la AFIP Ricardo Echegaray a Rio de Janeiro, con gastos extraordinarios, que habrían sido afrontados por un empresario amigo, que opera en la aduana, a la que el funcionario tiene bajo su control.

Todo ello resulta más que revelador de la descomposición del vínculo del gobierno con la realidad y las vivencias y padecimientos de una sociedad que simplemente clama por verdad, justicia, sensatez, transparencia y auténtica preocupación y ocupación de sus gobernantes por la resolución de los problemas que padece a diario.

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Publicado en: Omar Duclós, xNovedades